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La Aguamasa

María tiene 9 años, nació en Medellín el año de 1950, es la penúltima hija, tiene cinco hermanas y cuatro hermanos, su madre Inés es una mujer soltera. Inés es muy pobre, sale a trabajar todos los días a hacer los oficios más variados y por lo general en el centro de la ciudad, los hijos se quedan solos en casa, no es nada raro para María, ya está acostumbrada desde muy pequeña a estar bajo el cuidado de sus hermanas. Cuando las cuatro hermanas menores terminan clases en la escuela es muy común que tengan la fabulosa idea de bajar al centro, pero sus escasos recursos económicos no les alcanza para montarse en la chiva que baja del parque del barrio al centro de la ciudad, pero eso nunca es un impedimento. Al principio cuando no se sabían la ruta para llegar la única solución era correr tras las chivas e ir mirando por cual camino tomaban estas, como el vehículo les sacaba una gran ventaja lo que les quedaba por hacer era divisar a lo lejos por donde iba, por fortuna no habían muchas edificaciones en el momento que obstaculizaran la visión. Una vez que llegaban al centro de la ciudad, uno muy diferente al que conocemos, un centro sin la devastación arquitectónica que trajo la modernización de la ciudad y en especial uno sin la Avenida Oriental, se encaminaban hacia alguno de los edificios o casas donde Inés estuviera trabajando.
Cuando las niñas iban creciendo les llegaba el turno de ayudar a Inés en el trabajo, María ahora ya estaba en edad de ayudar, uno de los primeros oficios que se le encomendó incluía montar en las chivas, pero esa era la única parte agradable. Inés en su casa criaba marranos en un solar, estos se alimentaban de aguamasa, como ella trabajaba en pensiones, restaurantes y en las casas de los ricos de la ciudad que por ese entonces habitaban los alrededores del parque Bolívar tenía la posibilidad de recoger abundantes sobras de comida. Como Inés se mantenía muy ocupada no podía encargarse de subir la aguamasa, así que alguna de sus hijas lo tenía que hacer. Desde el centro Inés le pagaba al chofer para que le abriera campo en la parte de atrás para las canecas que contenían tan apreciada sustancia. La primera vez que María iba en el vehículo solo debía vigilar que llegaran al parque donde los demás hermanos estarían esperando para llévaselas a los marranos, una vez estaban las canecas bien acomodadas María se subió a la chiva en la parte delantera. Subir al barrio incluía una serie de curvas pronunciadas, y los choferes tal cual como son hoy en día no tenían ninguna prudencia y las tomaban a toda velocidad, mientras que las canecas se balanceaban de un la do al otro, hasta que en una curva una de ellas cayó al piso, regando todo su contenido, como era un encargo, había que llevarlas hasta su destino, no quedaba de otra sino recoger todo y devolverlo al recipiente, tarea que era encomendada al ayudante de la chiva, quien por obvias razones no quería hacerlo, preguntando primero quien era el dueño, a lo cual María se hizo la desentendida, porque no estaba dispuesta a recoger nada, al ayudante no le quedó más de otra que recoger todo mientras emitía unos cuantos insultos. Así María esperó a llegar hasta el parque allí se bajó, sus hermanos ya estaban esperando, así que ella dejó que se acercaran a reclamar la aguamasa y se ganaran los insultos.





